Zoológico de distros

Otro verano más que no estoy escribiendo ni la mitad de lo que me gustaría, ni de los temas que tenía en mente. Pero: no-pasa-nada.

El caso es que hace nada he heredado una workstation en el trabajo. Eso quiere decir que ahora tengo acceso a cuatro máquinas distintas: mi portátil chiquilín (T14 de 2023 con Fedora 44 y GNOME 50), el mobile workstation que finalmente ya se ha convertido en la máquina de trabajar (un P15 de 2022 con Kubuntu 26.04 y KDE), el PC que me pusieron en el trabajo (un HP con Ubuntu 24.04 y GNOME; sospecho que me lo quitarán en algún momento), y ahora esa workstation a la que le he metido un Debian como un castillo. Con XFCE, por por hacer la gracia.

Eso quiere decir tres entornos de escritorios diferentes. Tres formas de manejar el escritorio, tres formas de trabajar. Porque, para qué hacerme la vida fácil cuando puedo complicármela.

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El bosque de los animales, qué mundo tan salvaje

(¡Por fin me volvió la “inspiración”!)

Contra todo pronóstico estos meses he estado jugando a Animal Crossing, por segunda vez desde que lo tenemos en 2020. La primera fue mi mujer quien se hizo una isla y se hizo la mánager, la segunda fue en 2022 justo antes de irnos a UK, que hicimos borrón y me hice una yo. Hace un año pensé en retomarlo pero de algún modo mi partida había desaparecido entre cambio de consolas, y me dio muchísima pereza. Algo me hizo comenzar a jugarlo de nuevo a finales de Mayo, y aquí seguimos.

Lo que sí es una auténtica novedad es que también comencé a jugar Wild World, para DS, que conseguí encontrar en físico tiradísimo de precio hace cuatro años. Llego tardísimo a la fiesta, pero vengo para quedarme. Tengo que decir que tiene algo (o más bien, le falta tanto) que hace que me sea más fácil entrar al juego.

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