Llevo queriendo actualizar portátil desde antes de volver de Inglaterra. Y llevamos hablando en casa de la posibilidad de tener un “ordenador doméstico” desde incluso antes. Con esto segundo me refiero a un equipo que cumpla el rol que solían tener los ordenadores en los 90 y 2000, una máquina para tener documentos organizados, capaz de servir tanto como para arreglar trámites como centralita multimedia y de descargas, o para tener música de fondo. Nuestros portátiles ya cumplen con ese cometido, pero no se siente igual. Sobre todo porque creo que el uso personal debería estar separado de las cosas más serias como papeleos importantes, por si acaso le pasa cualquier cosa. Y por tenerlo todo centralizado.
En paralelo a todo esto, ahora estoy en un trabajo en el que tengo que manejar un gran volumen de datos y mucho código (más del que puedo abarcar con mi mente), y parte del trabajo implica, si lo queremos hacer bien, correr cosas en contenedores y en sistemas paralelizables. Sería guay disponer de un cacharro donde montar un sistema así a coste casi cero, similar a los “homelabs” que se monta la gente en su casa, para poder aprender a base de tocar sin fastidiar lo que va “a producción”. El aparato que tenía en UK, un Dell Precision de 24 núcleos y 32GB, era divino para esto, pero ya no lo tengo.
Así que, una vez ya mudados aquí, me dispuse a poner solución a algunos de estos problemas, y fue así como encontré en Ecoportátil un Thinkpad P15 de segunda generación, y de capacidades parecidas a aquel Dell.
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