Sobre Mundos Imaginarios, Big Data, y Evolución

Dibujo a Acuarela del Dragón de Beowulf. Por Tolkien.

Hace unos meses di con una de las últimas pocas cosas que Twitter me supo aportar: un artículo de investigación (o “paper”, como los llamamos los académicos) que intentaba responder por qué a las personas nos gustan los mundos imaginarios de fantasía, que NO existen, e incluso los preferimos a la ficción que transcurre en el mundo real, que SÍ existe. Suena interesante, ¿verdad? ¿Hay algún componente o razón biológica, neurológica, evolutiva, o psicológica, para que una de las características del ser humano sea crear mundos totalmente imaginarios y contar historias que transcurren en los mismos?

Me gustó mucho dar con este paper (varios, de hecho!) porque no es común ver a la crítica literaria o los círculos académicos tratando la literatura fantástica como un algo serio, y porque la ficción/fantasía es material perfecto para una investigación desde una perspectiva combinada de neurofisiología, biología evolutiva, psicología y filosofía. Es de esas cosas que están en la intersección de lo que nos hace ser como somos y que tienen un alto componente de abstracción y de impacto cultural en tiempo real. 

Tan pocas veces veo trabajos así, y tanto me llamó la idea, que me puse a leer y mirar… y ya no estoy seguro de si me alegré de hacerlo.

Preámbulo

Esta entrada es un intento de ordenar mis impresiones después de semanas o meses, de leer el estudio y otros de los mismos autores, de consultar otros trabajos, y tras muchas conversaciones con gente de ciencias y de letras fascinadas por este tema. Aunque yo me dedico al análisis de datos, mi campo no es la psicología, la literatura o la ciencia del comportamiento cognitivo, y habrá cosas del contexto y de la metodología que se me escapen. Aún así, el paper comparte unos mínimos de diseño de análisis con otras cosas en las que he trabajado. Además, llevo un tiempo leyendo y oyendo hablar mucho de literatura comparada, lo cual me ha familiarizado con algunas cosas. De modo que cuando ha sido necesario he intentado que mis comentarios estén mínimamente informados. Lo que más me motiva a escribir esto no es un afán por destruir el trabajo de otra persona ni caer en juicios de valor, sino mi deseo de que se hable y visibilice la fantasía a nivel académico, pero que se haga de manera rigurosa. 

Mi idea principal es que no se puede concluir lo que el paper sugiere a raíz de los datos que presenta. Cuanto menos, esas conclusiones no tienen fundamento porque el diseño del estudio no tiene un buen fundamento. De modo que, al listar las conclusiones, peligra de perpetuar ciertos estereotipos y se queda muy corto al retratar las dimensiones de la relación e impacto mutuo entre la fantasía y la mente humana. El paper llega a ciertas conclusiones, relativamente válidas, pero estas conclusiones no se corresponden a la idea transmitida en el título. Veremos esto luego en más detalle.

Resumen del paper

Los mundos imaginarios son un componente muy presente en las obras de ficción de la inmensa mayoría de culturas, desde mitos y leyendas que han sobrevivido a nuestros días hasta la última novela o serie de Netflix, sin dejarnos por supuesto los vastos legendarios como el de Tolkien. Dada su omnipresencia en la literatura, cabe preguntarse por qué son tan frecuentemente utilizados como recurso literario, y por qué la Ficción de Mundos Imaginarios (que yo abrevio en esta entrada como Ficción MI) provocan esa fascinación en los seres humanos.

Es muy importante mencionar que la definición de ficción MI usada en este trabajo resulta de la intersección de varios conceptos: (i) el de ficción especulativa (obras en las que existen elementos que no se pueden explicar con nuestras leyes naturales), (ii) el de ficción con Mundo predominante (world-dominant) (ficción en la que la descripción y exploración del mundo de la obra adquieren mucho protagonismo respecto al desarrollo de la trama, los personajes, y la relación entre todo ello), y (iii) el de ficción con fines de entretenimiento (en contraposición a ficción orientada a la moralización, educación, o perpetuación de narrativas de autoridad como pueden ser los mitos y ficciones de la religión). Es bastante escueto, pero es lo que miran.

Este paper propone que nuestro gusto por la ficción MI (especulativa, con gran peso al mundo, y de entretenimiento) está vinculado a los mismos mecanismos evolutivos que nos instan (o más bien instaban a nuestros antepasados hace miles de años) a explorar nuevos ambientes en busca de recursos. Teorizan que, si éste fuera el caso, los factores que producen variabilidad en nuestras habilidades exploratorias (curiosidad, mente abierta a cambios, deseo de viajar, de conocer nuevas experiencias y personas, capacidad de orientación espacial) deberían de ser los mismos que producen variabilidad en nuestro interés por las obras de ficción MI: es decir, personas con más curiosidad exploratoria preferirán el consumo de ficción MI.

Para probar esta idea, hacen 3 cosas:

  1. Determinar si los Mundos Imaginarios, como concepto y recurso literario, son siquiera un factor importante a la hora de explicar la diversidad estructural de la ficción. Para ello utilizan dos algoritmos de machine learning independientes para clasificar ~9500 películas como ficción MI o no. Uno (pre-entrenado mostrándole resúmenes de películas de ficción MI manualmente clasificadas como tal) trabaja con los resúmenes de las películas detectando keywords, y el otro algoritmo (pre-entrenado con lenguaje natural) es alimentado con los resúmenes de las películas para organizarlas en un espacio semántico. Así observan que las obras de ficción MI forman un cluster específico distinto del resto, y que las palabras e ideas responsables de esta agrupación se corresponden con elementos y recursos literarios de la ficción MI. Esto motiva el resto del proyecto.
  2. Determinar si las demográficas de los usuarios en redes sociales recapitulan sus preferencias por ficción MI. Para ello usan una base de datos de usuarios de Facebook que aúna datos demográficos (como sexo, edad, país de origen/residencia …), datos de personalidad (según el five-factor o Big Five method, que mide cosas como la curiosidad), y métricas de consumo de películas en forma de likes. Con los resultados del punto 1, pueden discernir entre películas de ficción MI y otras. Aquí observan que existen diferencias significativas en el número de likes a películas MI según uno de los criterios de personalidad, el “openness to experience” (relacionado con curiosidad), así como el sexo (hombre/mujer). 
  3. Determinar si las demográficas de personas entrevistadas recapitulan sus preferencias por ficción MI. Hacen una encuesta (de cuyo diseño, estructura, y visualización de los datos comentan bastante poco en el paper) donde, aparte de la suya propia, contemplan varias hipótesis alternativas de por qué consumimos ficción MI: la hipótesis de que la sistematización, otro factor de personalidad, explique las diferencias, y la hipótesis de que la ficción MI es un recurso de escape para las personas. En este estudio, donde los encuestados reportan su propia percepción, los autores recuperan los mismos resultados que en el punto 2, validan la hipótesis sistematizadora, y descartan la hipótesis del escapismo.

Usando modelos lineales, tanto en el estudio 2 como 3 ven que existe una “nube de correlaciones” entre ser hombre, tener mayor “openness to experience”, tener mayor preferencias exploradoras, tener mayor cualidad sistematizadora, y consumir ficción de MI. Como existen estas correlaciones, esto les lleva a decir que los factores que explican la curiosidad exploradora son los mismos que explican el gusto por ficción MI, confirmando su hipótesis.

Después de todo esto discuten que, según sus resultados, las preferencias exploradoras efectivamente explican el por qué los humanos consumimos ficción de mundos imaginarios, y que esto está relacionado con las hipótesis de reparto de tareas en homínidos prehistóricos, que el despunte de consumo de ficción MI en el tiempo está relacionado con el desarrollo industrial de distintas culturas, y que el consumo de ficción MI puede usarse como una métrica de aproximación (un proxy) para identificar cambios en las características de la sociedad a lo largo del tiempo.

Y expuesto el caso… mis opiniones.

¿¿Sólo películas??

A este paper le veo tantos problemas por tantos sitios que me ha costado decidirme por qué frente comenzar. Así que, en ánimos de ir hilando y dar una perspectiva completa, me decanto por comenzar por hablar del material de estudio.

Aunque en sus trabajos bibliográficos previos hablan de literatura escrita, todo este estudio está centrado en un medio: el cine. La falta de datos de novelas y libros tiene repercusiones catastróficas a todos los niveles.

La humanidad lleva muchísimos años en la Tierra… y la literatura también. Y basta con una ojeada a escritos y estudios de Historia de distintas épocas para ver que la sociedad no siempre ha consumido ficción, imaginaria o no, por las mismas razones ni de la misma manera. Como aquí solo se utilizan películas, no hay forma de tener en cuenta o ver si hay diferencias en la relación de las personas con la ficción a lo largo del tiempo. Es peligroso usar sólo material reciente para sacar conclusiones evolutivas.

A nivel global, la industria del cine ha estado dominada mayoritariamente por occidente, en concreto Estados Unidos. Debido a dicho sesgo, y como el paper no describe la composición de la base de datos de películas, no se puede asumir que haya una representación homogénea de películas de diferentes culturas. Esto repercute en la naturaleza de los resultados obtenidos (las reacciones que estamos midiendo de los usuarios: vienen de películas taquilleras de Hollywood? Cuántas películas de ficción MI se han hecho en otras industrias no-occidentales?).

En este sentido, este sesgo tampoco permite tener en cuenta las razones por las que las personas de fuera de occidente puedan consumir -o no- ficción MI. La mayor parte de la ficción occidental tiene una perspectiva cristiana, patriarcal y colonialista que es difícil de escapar:

  • (i) Las películas taquilleras de fantasía suelen ser obras autocontenidas de principio a fin con una estructura narrativa clara. El archi-citado mito del héroe de Campbell es una estructura narrativa occidental, y la propia estructura de “presentación-viaje-conflicto-clímax-desenlace” tiene raíces profundas en civilizaciones clásicas que, en el peor de los casos, han sido occidentalizadas a lo largo de la Historia (como le pasó a Grecia); véanse los comentarios de Aristóteles en su “Poética”. El Coming of Age o Bildungsroman, del salir al mundo y volver cambiado, es algo occidental. Todo este arquetipo de “viaje y vuelta” también bebe del espíritu de conquista de nuevos territorios que se perpetró en el colonialismo, y que se instauró en las civilizaciones adonde llegaron las potencias colonialistas.
  • (ii) Además, estas películas suelen beber de un mensaje y una moralidad claras. Gran parte del código moral que dictamina los objetivos heroicos a alcanzar en estas historias beben mucho del mito Cristiano: la figura de una persona que desciende de, y asciende a, la Divinidad, y a lo largo de su viaje ejemplifica valores de ayuda al prójimo, unión, y pacifismo. Esta idea de una única figura en viaje de cambio, crecimiento, y enseñanza, es propia de las civilizaciones occidentales cristianizadas, como queda ejemplificado en los poemas épicos como Beowulf o Sir Gawain. En proporción, este motor imaginario ha tenido un impacto menor en otras culturas no-occidentales: gran parte del corpus literario asiático o del africano pre-colonial, por ejemplo, no beben de estas estructuras.

De modo que no es sencillo asumir sin problema que las moralejas y estructuras narrativas que prevalecen en las películas occidentales son necesariamente las mismas que incitan al visionado o consumo de películas MI (de nuevo, solo películas!!) en otras culturas. De nuevo, sabiendo esto se me hace difícil sacar conclusiones evolutivas a gran escala.

La inescapable y necesaria dimensión de género, y otras dimensiones sociales

Doce Reinos, de Fuyumi Ono

Me dio mucha rabia ver cómo un paper con intenciones de responder a cuestiones evolutivas como especie falla estrepitosamente al tener en cuenta una de las mitades de nuestra especie. El paper tiene una consideración muy, muy pobre de la dimensión de género.

El cine sufre de ser un medio muy orientado al consumo masivo, con grandes diferencias en cómo se promocionan y construyen los géneros (acción, romance…) para hacerlos atractivos para cada sector de la sociedad. En el caso de los blockbusters de ciencia ficción y fantasía, ha predominado la confección del género por obra de y para el gusto de los hombres. Esto se debe a un híbrido de la visión de las productoras y los directores, porque la mayoría de estas películas están producidas y dirigidas por hombres ya que éstos gravitan con más facilidad a las posiciones de autoridad. Con este cóctel no es de extrañar que las películas de ficción MI contengan ciertos valores y carga audiovisual más atractivas a ojos de hombres que de mujeres. Y aunque el sesgo de género es innegable en la literatura, el coste asociado a publicar un libro NO es igual que una película, de modo que publicar libros es más accesible para colectivos desfavorecidos como las mujeres. Así que en la literatura, cuanto menos, hay mayor representación de la fantasía desde la perspectiva de una mujer. Pero como el paper no menciona si considera estos sesgos, y sólo usa películas, todo ello queda naturalmente reflejado en los datos, con menos mujeres haciendo “Me Gusta” a la ficción MI.

Hablando de los Me Gusta: el paper sólo utiliza datos provenientes de Facebook, la cual no es una plataforma hacia la cual graviten las mujeres que suelen consumir más fantasía y ficción, como lo puedan ser tumblr, Archive Of Our Own, o FanFiction.net. Además, a día de hoy (y del momento en el que se hizo el estudio) Facebook ya no era el centro neurálgico de los sectores jóvenes. Por estos dos motivos, gran parte del material y la discusión acerca de ficción MI por un sector sustancialmente grande de la población se está quedando fuera del estudio.

Del mismo modo, estas mediciones fallan al considerar cómo los hombres han sido socializados de cara a qué buscan en los mundos imaginarios. Los hombres y mujeres están socializados de diferente manera: se nos enseña a consumir distintos tipos de ficción y de diferente forma. A los hombres se nos tolera mucho más vivir la vida sin preocupaciones por los sentimientos y relaciones de los demás, de modo que lo único de interés que nos queda para historias de ficción es el ascenso al poder, la capacidad de control, la curiosidad por nuevas experiencias, y lo exótico. Curiosamente, todas estas características se concentran significativamente en las películas de fantasía y ciencia ficción. Cuando los hombres nos relacionamos más con la ficción MI, es porque a veces no nos importan el resto de cosas de la historia (o nos importan menos).

A la hora de hacer las mediciones, el paper menciona de pasada que puede haber motivos ajenos a la exploración espacial por los que a una persona le guste la ficción MI, pero no da estimaciones cuantitativas al respecto. Muchas de estas historias tienen motivos familiares y de amistad en absoluto relacionados con la exploración espacial, lo que hace que haya personas que consuman ficción MI por motivos completamente ajenos al MI en sí. En la misma cita a Tolkien que ellos emplean, el mismo Tolkien explica que personas de distintas profesiones le preguntan por distintos aspectos del mundo imaginario. Es mucho menos descabellado extrapolar que distintas personas buscarán cosas distintas en estas (y en cualquier) historia.

El tema de la socialización está relacionado con otro melón: la forma en la que se ha cuantificado y parametrizado algo tan complejo como la mente y la personalidad. No he tocado muy a fondo el tema, pero no me extraña que en este estudio no salgan características de personalidad más prevalentes en mujeres como factores que expliquen el gusto por ficción MI. No me extraña porque esas películas y ficciones que dispararían la señal están ausentes del set de datos. Tampoco ayuda la aproximación tan pobre a la hora de considerar hipótesis alternativas, como la del escapismo: para mirar esto, se limitaron a hacer preguntas sobre el trasfondo económico de los participantes y decidieron asumir que la clase económica era un proxy para hablar de escapismo o no. Como si la realidad de cada individuo no fuese más compleja y llena de capas.

Pero más allá, la propia definición escueta de ficción MI está dejando fuera otras posibles explicaciones de la omnipresencia de los mundos imaginarios en la ficción por parte de otros sectores de la humanidad. La definición, recordemos, es ‘speculative and world dominant as opposed to story-dominant o character-dominant’. Esta definición falla al recoger las ficciones especulativas más leídas por las mujeres, historias que mejorarían significativamente el espectro de datos y permitirían sacar conclusiones más fiables acerca de por qué nos gustan los mundos imaginarios.

Como resultado de toooodo esto, el paper acaba encontrando que las diferencias entre sexo son de lo que más explica los gustos por ficción MI. ¿Podemos estar seguro de que son conclusiones reales y que no está capturando el sesgo inherente a los datos y a las premisas?

Ausencia de multidisciplinariedad

El paper (y los autores) se galardonan a sí mismos de usar métodos que interseccionan diversos campos, pero fallan estrepitosamente al considerar uno que lleva haciendo el mismo trabajo que ellos durante siglos: la literatura comparada. La realidad es que no se puede parametrizar o estudiar algo tan complejo como el arte desde un solo prisma como pueda ser el análisis de datos. Cualquier persona que abogue por semejante nivel de reduccionismo no debería de ser tomada muy en serio, y mucho menos se debería de confiar a ciegas en su criterio.

Como dice Tolkien en su ensayo “The Monsters and the Critics” (traduzco y me ayudo de la traducción de Minotauro):

“[…] El significado, la importancia de un mito, no puede simplemente plasmarse en papel por medio del razonamiento analítico. Como mejor se manifiesta esa carga significativa es cuando la presenta un poeta, que más que hacerla explícita, la siente y la presenta en el mundo de la historia. Aquí el defensor, el analista y estudioso de la obra, está en desventaja: A menos que tenga cuidado y hable en parábolas, acabará matando aquello que estudia al hacerle una vivisección, y todo lo que le quedará será una alegoría formal o mecánica, y lo que es peor, una alegoría que no funcionará. […]”

¿Cuántas obras de ficción MI están conectadas entre sí por temas que escapan a la exploración espacial? ¿Cuántas obras que tratan otras ideas y que cuentan otras historias están conectadas en conversaciones temáticas que abarcan siglos de historia? ¿Cuántas son “originales” y cuántas son “retellings”, y dónde está la línea que las separa? ¿Cómo podemos dejar de lado toda la mitología, que ha sido el cimiento de los pilares de la cultura humana, en un estudio que busca el origen evolutivo de nuestra fascinación con los mundos fantásticos? ¿Cuántas lecturas y explicaciones omitimos si no tenemos en cuenta un abordaje de literatura comparada?

Y como colofón, para el tema “evolutivo” argumentan en más de una ocasión un mito que ha sido desmentido: que había un reparto claro de tareas entre homínidos machos y hembras en la prehistoria. E incluso, en lugar de darse cuenta de que sus resultados documentan y recapitulan el sesgo de la industria, lo interpretan como un proxy predictor de la evolución de los seres humanos.

Su metodología no es errónea. Es incompleta. Los que cometen el error son los propios autores por no hacer mención alguna a este abordaje, ni siquiera para desestimarlo. Indirectamente, contribuyen a aquello que buscaban combatir: la negligencia de la literatura y las humanidades.

¿Cómo se arregla esto?

¿Consumo? ¿Compartición? ¿Construcción?

Durante la explicación del paper y mis opiniones he intentado usar consistentemente la terminología y el enfoque que proponen los autores, y en el proceso he visto algo que me llama muchísimo la atención. El paper se pasa todo el tiempo hablando de ficción como algo que se consume en masa, y le da un peso relativamente artificial al consumo que puede hacer una audiencia. Esta perspectiva desde el consumismo es muy problemática. Asume que la cultura de consumo es una práctica humana inherente al ser humano, cuando realmente es algo tremendamente nuevo que tiene su origen en el germen sociocultural después de la segunda guerra mundial en Estados Unidos. Lugar donde, por cierto, también se movilizó la industria del cine amasando millones. No se me malentienda: el consumo es una realidad más a considerar en la historia de la ficción, sobre todo para entender la explosión que ha tenido lugar de la segunda mitad del siglo XX en adelante. Pero no es la única forma en la que la sociedad se ha relacionado con la ficción, como se mencionaba más arriba. ¿No tendría sentido, si vamos a emplear un marco evolutivo, hablar de la ficción como una herramienta de comunicación y transmisión de información entre generaciones? ¿No tendría sentido mirar a ficciones que se han compartido desde tiempos más antiguos cuando no había ese interés por captar la atención de los demás?

La Esmeralda, de los libros de Deltora.

Cambio de paradigma

Para mí tendría más sentido hacer estudios que se enfoquen menos en cómo las audiencias se relacionan con la ficción MI, y más en cómo los autores se relacionan con la ficción MI: qué es lo que dicen de ella, de qué manera suelen construir dichas ficciones MI, qué patrones se repiten, etcétera. De ahí que yo dijera antes que cualquier análisis de tipo “Big Data” como el planteado en este estudio debería de ir acompañado de otros tipos de validaciones como literatura comparada. Este cambio de paradigma sería útil de varias formas:

  1. Prevendría caer en el error de darle un peso excesivo a unos datos provenientes de un ecosistema de consumo frenético que puede responder a otros factores;
  2. Promovería la intersección de dos disciplinas donde aún hay muchos frentes donde establecer conexiones a nivel metodológico, como los métodos de literatura comparada, la estadística, el análisis del lenguaje, y el machine learning.
  3. Empujaría la conversación hacia la ficción, mitos y mundos imaginarios como elementos de construcción narrativa en lugar de centrarnos en estudiar demográficas que recapitulan los patrones heteropatriarcales y sesgos sistémicos de la industria y del capitalismo colonial.

Apunte final

De modo que este paper realmente ha respondido a otra pregunta: a si hay un sesgo masculinocéntrico, colonialista, en la manera en la que se consume y produce ficción cinematográfica de mundos imaginarios. Y la respuesta es rotundamente sí.

El paper no debió titularse: 

“Exploratory preferences explain the human fascination for imaginary worlds in fictional stories”

Debió titularse:

“Western, colonial capitalistic exploratory narratives explain the male fascination for imaginary worlds in movies”

¡Pero oye! A pesar de estas críticas, creo que este es un ejemplo claro de que no hay mal que por bien no venga: ¡¡está estupendo describir y caracterizar estos sesgos y esta problemática de manera sistemática!! Ahora se le ha puesto cara y cifras a un problema latente, y es útil para tenerlo en cuenta a la hora de diseñar nuevos experimentos y estudios, y de plantear la manera en la que deberíamos abordar el estudio del origen de los mundos imaginarios.

Fuentes consultadas:

Dubourg E, Thouzeau V, de Dampierre C, Mogoutov A, Baumard N: Exploratory preferences explain the human fascination for imaginary worlds in fictional stories. Scientific Reports, 2023

Dubourg E & Baumard N: Why Imaginary Worlds? The psychological foundations and cultural evolution of fictions with imaginary worlds. Behav. Brain Sci. 45, E276 (2022).

Dubourg, E. & Baumard, N. Why and how did narrative fictions evolve? Fictions as entertainment technologies. Front. Psychol. 1(13), 786770 (2022).

Anthony Kenny: Poetics by Aristotle. Oxford Worlds Classics (2013).

J. R. R. Tolkien: The Monsters and the Critics, and Other essays. Ed. HarperCollins Publishers (1983).

J. R. R. Tolkien: Los Monstruos y los Críticos, y otros ensayos. Ed. Minotauro (1983).

Timothy Hickson: On Writing and Worldbuilding. Vol I. (2019)

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