Otro verano más que no estoy escribiendo ni la mitad de lo que me gustaría, ni de los temas que tenía en mente. Pero: no-pasa-nada.
El caso es que hace nada he heredado una workstation en el trabajo. Eso quiere decir que ahora tengo acceso a cuatro máquinas distintas: mi portátil chiquilín (T14 de 2023 con Fedora 44 y GNOME 50), el mobile workstation que finalmente ya se ha convertido en la máquina de trabajar (un P15 de 2022 con Kubuntu 26.04 y KDE), el PC que me pusieron en el trabajo (un HP con Ubuntu 24.04 y GNOME; sospecho que me lo quitarán en algún momento), y ahora esa workstation a la que le he metido un Debian como un castillo. Con XFCE, por por hacer la gracia.
Eso quiere decir tres entornos de escritorios diferentes. Tres formas de manejar el escritorio, tres formas de trabajar. Porque, para qué hacerme la vida fácil cuando puedo complicármela.
Yo creo que en verdad me va bien, porque así “me mantengo ágil” teniendo que controlar varias formas de hacer las mismas cosas. Mi propia versión de plurilingüismo o del Brain Training de la DS. Además así es como he conseguido aprender a conectar las máquinas por ssh, y a mover cosas entre ellas mucho más rápido.
Pero… tengo también guardado un Thinkpad E595 con Ryzen 3 de 2018. El bicho que me ha acompañado a mí (y a mi hermano) durante bastante tiempo pero que ya no puede con su vida, porque incluso el XFCE que le puse al volver de UK se le atraganta un poquito. Ahora mismo está olvidado, pero aprovechando este frenesí de máquinas, he pensado… y si le pongo algo más ligero? Algo con menos recursos… y con otro escritorio diferente? Está Trinity… tengo ganas de volver a ver Crystal en todo su esplendor. Seguramente le haga un backup a toda la configuración del escritorio porque me quedó la mar de cuco, y puede que le transfiera esta config a la workstation. Y aún tengo pendiente meterle Alpine con un gestor de ventanas a un pendrive para llevarme un sófwer que nunca me vaya a fallar…
Y eso. Es un momento un poco peculiar informáticamente hablando.

