ThinkPad P15 G2, “el PC de casa”

Llevo queriendo actualizar portátil desde antes de volver de Inglaterra. Y llevamos hablando en casa de la posibilidad de tener un “ordenador doméstico” desde incluso antes. Con esto segundo me refiero a un equipo que cumpla el rol que solían tener los ordenadores en los 90 y 2000, una máquina para tener documentos organizados, capaz de servir tanto como para arreglar trámites como centralita multimedia y de descargas, o para tener música de fondo. Nuestros portátiles ya cumplen con ese cometido, pero no se siente igual. Sobre todo porque creo que el uso personal debería estar separado de las cosas más serias como papeleos importantes, por si acaso le pasa cualquier cosa. Y por tenerlo todo centralizado.

En paralelo a todo esto, ahora estoy en un trabajo en el que tengo que manejar un gran volumen de datos y mucho código (más del que puedo abarcar con mi mente), y parte del trabajo implica, si lo queremos hacer bien, correr cosas en contenedores y en sistemas paralelizables. Sería guay disponer de un cacharro donde montar un sistema así a coste casi cero, similar a los “homelabs” que se monta la gente en su casa, para poder aprender a base de tocar sin fastidiar lo que va “a producción”. El aparato que tenía en UK, un Dell Precision de 24 núcleos y 32GB, era divino para esto, pero ya no lo tengo.

Así que, una vez ya mudados aquí, me dispuse a poner solución a algunos de estos problemas, y fue así como encontré en Ecoportátil un Thinkpad P15 de segunda generación, y de capacidades parecidas a aquel Dell.

Lo pedí y en tres días lo tenía en casa sin ningún drama. El drama auténtico vino después: más que un portátil, me di cuenta de que es una estación de trabajo “móvil” (Mobile Workstation), porque pesa casi cuatro kilos y es el doble de alto que cualquier portátil promedio, lo cual lo indispone como candidato a renovación de mi equipo personal. Pero dada la subida de precios por culpa de la putísima obsesión del capitalismo con la IA, no podía dejar pasar una oportunidad como ésta, porque todo apunta a que los ciudadanos no tendremos acceso a hardware asequible durante varios años. Así que, después de un par de días dándole vueltas a si quedármelo o no, finalmente hablé con mi mujer y convenimos convertirlo en ese ordenador casero. Con una condición: con Linux de sistema base.

La idea, que también lleva rondando por la casa un par de años, es que ella recupere la ilusión de usar sus cosas digitales. Menos scroll y más hacer u organizar, y con ello recrearse internamente. Creo que gran parte de por qué esto dejó de ser así para ella fue la enshittification de los productos de las grandes tecnológicas, que incluye la experiencia de usuario pésima con Windows y hasta cierto punto con los smartphones (dada la falta de soberanía digital clara). Pero Linux puede atragantársele a la gente. Con Windows en su aparato personal y Linux en una máquina común, ella podrá hacerse poco a poco al cambio, familiarizándose para en un futuro quizás instalarlo en su portátil personal (sus palabras, no las mías).

La pregunta era: ¿cuál?

Como en su día originalmente le enseñé Linux Mint desde DistroSea y le gustó, esa fue la primera opción. Pero entonces recordé que una vez con la broma le dije que ella igual sería una “KDE lady”, dado que a ella le gustaba, hace años, investigar y toquetear las cosas del SO (cuando en Windows se podían hacer màs cosillas), y quizás un escritorio con tantas posibilidades la motivaría a recuperar su relación con lo digital.

Así que, para ponerla al tanto y hacerla disponer de toda la información que necesitaría para decidir, preparé unas diapositivas muy sencillitas y explicativas (usando metáforas de tartas y repostería, y todo con la estética de Kuromi) sobre qué son las distros y los entornos de escritorio, y añadí ejemplos de cómo se veía cada una. Entre ejemplos y metáforas estuvimos compartiendo la reflexión de que las distros son como “tartas de la abuela”, con múltiples capas. Y efectivamente no me equivoqué, se decantó por una distro con KDE, dada esa facilidad de uso com mucha versatilidad latente que no se interpondrá en su camino.

Como ya tenía descargadas un par de ISOs por otros motivos (AlmaLinux, Fedora 43), añadí a la colección la última de Linux Mint y la última de Kubuntu. En lugar de ir creando un disco de arranque de cada una, usando una batería de pendrives o reutilizando el mismo, encontré una utilidad llamada Ventoy que particiona un USB drive de manera que una parte arranca por UEFI con un pequeño lanzador de arranque, que lee posibles fuentes de arranque desde una segunda partición en la que copias directamente todas las ISOs. Es comodísimo, porque puedes llevarlas todas en un mismo pen y olvidarte de ir rehaciendo el arranque cada vez. Si esto lo combinas con una tercera partición exFAT donde lleves tus cosas, pues te queda un multiSO portátil la mar de apañao. Con Ventoy y Kubuntu, ni siquiera una hora después de haber acabado las diapos, ya teníamos el sistema instalado.

Lo bueno de los Thinkpads es que están trilladísimos, y hay muchísima comunidad (especialmente en Reddit). Ahí tienen muchísimas guías y consejos. Siguiendo lo que encontré allí, lo primero que hicimos fue instalar powertop y hacerle un calibrado a la batería del portátil. En estos días seguiremos con un autotune de powertop, y miraremos de instalarle tlp u otra herramienta similar. A título personal averiguaré cuál es la mejor manera de configurar el sistema para que haga de host de todo lo que quiero probar e instalaré todo lo necesario; imagino que el proceso conlleva virtualización. Muchísima virtualización. Para las cosas “de la casa” instalaremos varios navegadores, incluyendo chromium y edge por si las moscas, y no descarto WPS office por hacerle el salto más fácil. Y por supuesto todo lo de la firma digital, DNI electrónico, etc.

Volver a usar Plasma se siente como reencontrarse con un viejo y querido amigo al que le perdiste la pista hace muchos años. La última vez que lo usé, si mal no recuerdo, fue cuando iba por la versión 4.5 o así, en Chakra. Es increíble lo pulido que está todo ahora, y al mismo tiempo lo familiar que se siente. Para los que tenemos nuestros años, todavía podemos ver las marcas y rasgos que corren hondo en su genética de los días de la rama 3.x . Qué recuerdos… recuerdos que voy a revisitar cuando instale y configure todo lo necesario para traerle de vuelta un look como el que tenía en su día con Oxygen.

En el futuro seguramente le busquemos un disco duro extra para usar como home, y ya veré de qué manera me las arreglo para cambiar esto en los registros donde haga falta. Puede ser, también, que le ponga un arranque dual con otra distro para mí; seguramente AlmaLinux que es la misma que tenemos en el trabajo.

Entre posibles proyectos: como decía, armarme lo necesario para aprender contenedores y alojamiento web. Recuerdo lo simpático que me resultó intentar preparar una instalación de BSD desde cero, usando máquinas virtuales, e igual me animo y lo vuelvo a intentar. O con Arch, para ver si consigo pasar la prueba Linuxera definitiva. Con Plasma funcionando igual me planteo retocar algunos temas de iconos que tuve entre manos en su día.

Veremos qué le depara a este “cacharrito” con el tiempo. Y veremos cuánto tiempo hasta que por fin caiga un buen T14s en mis manos.

(Esta entrada ha sido escrita íntegramenre desde el viejo Xiaomi reconvertido como maquinita pa probar cosas, usando SimpleTextEditor y Via Browser)

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